lunes, 30 de octubre de 2017

De náufragos y visiones. Seguimos leyendo a Bioy, seguimos imaginando...

Diario de diez náufragos

Marinos que bebieron sangre de peces o comieron carne humana para no morir en el mar
Vicente Fernández - 23/02/2015

Los supervivientes de La Invencible

Mucho se ha escrito sobre el desastre de la Armada Invencible en 1588. Pero ¿qué ocurrió con sus náufragos? La flota española tuvo que regresar a la patria bordeando las costas de Escocia e Irlanda. La falta de agua potable obligó a los españoles a arrojar al mar todos sus caballos. Pese a ello, las reservas de líquido se pudrieron y tres mil marineros enfermaron. Un temporal acabó de precipitar la tragedia y un centenar de barcos se estrellaron contra los acantilados irlandeses. La mayoría de sus tripulantes se ahogaron en el mar helado, pero uno de los que vivieron para contarlo fue el capitán Francisco de Cuéllar. Y al llegar a la costa, descubrió con horror que de los árboles cercanos colgaban extraños frutos: racimos de españoles ahorcados por los ingleses. Cuéllar tuvo la fortuna de ser acogido por dos mujeres de un clan irlandés rebelde, que le escondieron durante meses en su mísera cabaña, le vistieron con pieles de cabra y le alimentaron con raíces y nabos.
Las peripecias vividas por auténticos náufragos superan cualquier trama novelesca. Son historias de una dureza extrema, entre las que abundan los casos de hombres impelidos al canibalismo y al vampirismo con tal de poder sobrevivir. Pero también hubo otros personajes que, gracias a su preparación e ingenio, lograron salvarse sin caer en tales excesos, lo que les convirtió en auténticas leyendas del océano.
La furia del mar

¿Quién fue el primer náufrago de la Historia? Es imposible responder a esa pregunta, pero en las crónicas abundan numerosos testimonios escritos que relatan aterradores naufragios, como el que vivió el religioso español Fray Bartolomé de las Casas en 1554, cuando se hundió el galeón que le llevaba a Santo Domingo. “El navío tropezó con una piedra o isleta que no vio, y abriose por medio”, cuenta el fraile. “Algunos asiéronse a las tablas que hallaron cerca de sí. Destos acaeció que un padre y un hijo tomaron juntos una misma tabla y no era tan larga y capaz que por ella los dos pudieran escapar. Y dijo el padre al hijo: Hijo, sálvate tú con la bendición de Dios y déjame a mí, que soy un viejo, ahogar”.
Por entonces, cuando un barco se hundía, la única forma de salvarse era en balsa o chalupa. Luego, los supervivientes quedaban a la deriva, a merced de la providencia. Porque, hasta la invención de la radio, las posibilidades de ser rescatados eran muy remotas.
Fieras desesperadas

Tras pasar días, o incluso semanas, abandonados en la inmensidad del mar, muchos de esos supervivientes recurrieron al remedio más extremo para combatir el hambre y la sed: el canibalismo. Fue el fruto de la desesperación, que es el peor enemigo de los náufragos. A esta conclusión llegó el médico francés Alain Bombard, quien, en 1950, tras estudiar los casos de varios marineros que habían quedado a la deriva, observó que la mayoría había muerto hacia el tercer día. El hombre resiste más tiempo sin comer o beber; por tanto, no era la sed y el hambre lo que les había matado, sino, según él, la ignorancia… El desconocimiento de que el océano puede ser una despensa que, con suerte y habilidad, nos proporcione el alimento y el agua necesarios para sobrevivir.
Y esa ignorancia y esa desesperación están presentes en la aterradora historia del Essex, navío británico hundido en 1821. Los veinte supervivientes que flotaban en los botes salvavidas se negaron a dirigirse a la tierra más cercana, las islas Marquesas, por temor a los indígenas antropófagos, e iniciaron una travesía de cinco mil kilómetros para tratar de llegar a América del Sur. Tres meses después, un barco rescató a los ocho únicos supervivientes.
Habían devorado los restos de sus compañeros muertos, parecían haber enloquecido y se comportaban como fieras temerosas de que los recién llegados pudieran arrebatarles sus reservas de carne humana. En definitiva, se transformaron en los mismos indígenas antropófagos que tanto temor les inspiraban.
Pero, ¿habrían tenido otra salida? Sí. El caso de Steve Callahan es diametralmente opuesto a la historia anterior. El balandro de este norteamericano se fue a pique en 1982, en el Atlántico. Callahan se salvó en un bote inflable, aunque sin tiempo para mandar un SOS, ni de recoger víveres, ni agua. Consciente de que nadie iba a salir en su búsqueda, se dispuso a luchar. Su necesidad más inminente era calmar la sed. Pero, ¿cómo buscar agua dulce en medio de un océano con millones de litros de agua salada?
Gotas de oro líquido

Callahan fabricó un arpón con un cortaplumas y el palo de uno de los remos y, tras varios intentos desesperados, cazó una tortuga marina. Además de carne, el quelonio le proporcionó el remedio para saciar su sed. Le seccionó la garganta y bebió su sangre sin coagular. También consiguió agua de los peces que capturaba, ya que, abriendo la espina dorsal del pescado cerca de la cola, se obtiene una columna que contiene un líquido cefalorraquídeo de sabor dulce que puede beberse. Y con trucos como estos logró sobrevivir setenta y seis días perdido en la inmensidad del océano. ¿Parecen muchos?
Marilyn y Maurice Bailey, un matrimonio que, en 1973, quedó a la deriva en el Pacífico tras hundirse el yate en que viajaban con sus hijos, aguantaron 117 días. Aunque lograron llevar al bote salvavidas varios bidones de agua, el líquido acabó pudriéndose. ¿Qué hacer entonces? Marilyn, que era enfermera, recurrió a una medida extrema. Con un tubo de goma, fabricó unos enemas, con los que ella y su familia absorbieron el agua por el recto. En esa parte del organismo existe una membrana natural (la misma que seca nuestras heces) que sirve para filtrar el agua. Sus cuerpos absorbieron el líquido y evitaron la deshidratación.
Pescar es el medio más lógico para conseguir comida en medio del océano. Pero no siempre es el hombre quien consigue alimento en el mar, ya que sobre los náufragos acecha siempre la amenaza de un peligro mortal: los tiburones. Existen numerosas crónicas que relatan las espantosas muertes de marineros por los escualos. Una de ellas pertenece al conquistador español Bernal Díaz del Castillo, quien describió un naufragio frente a las costas del Yucatán en 1579. En el casco de la nave se abrió una vía de agua y, para evitar que la nao se hundiera, los marinos soltaron lastre: arrojaron al agua parte de su carga, incluidas sus reservas de carne. “Echaron mucho tocino al mar y otras cosas que traían para matalotaje (nombre que los marineros dan a las provisiones). Y cargaron tantos tiburones a los tocinos, que a dos marineros que cayeron al agua los despedazaron y se los tragaron”.
Más cercana en el tiempo, pero igualmente estremecedora, fue la odisea del Albatross, un buque escuela estadounidense que, en 1960, se fue a pique en el Caribe. El capitán y los cadetes se salvaron en los botes, pero la sangre de algunos de los chicos heridos atrajo a docenas de escualos que, durante dos días, acecharon las embarcaciones. Muy excitados por el olor de la sangre, los tiburones embistieron los botes con sus hocicos, para hacerlos volcar, y algunos llegaron a saltar y a meterse literalmente dentro de las barcas. Los muchachos se defendieron golpeando a los animales con los remos e incluso con sus puños desnudos. Fue una lucha encarnizada en la que cuatro de los chicos acabaron despedazados.
Tierra a la vista

El mayor deseo de todo náufrago es divisar la costa cuanto antes. Pero, en algunos casos especialmente trágicos, tierra no es sinónimo de salvación. Lo comprobaron con horror los veintidós tripulantes del Mary-Jeanne, un ferry que se hundió en 1978 en aguas africanas.
Tras pasar más de quince días a la deriva, aquellos desdichados vieron cómo la corriente les iba acercando por fin a tierra. Llegaron incluso a vislumbrar las palmeras y algunas chozas de los indígenas. Pero, de improviso, otra corriente traicionera e inesperada les arrancó de su ruta y les alejó de la costa. Demasiado debilitados para nadar o gritar, contemplaron desesperados cómo el destino les conducía a una muerte segura. Cinco días después les encontró un barco italiano; sólo dos de ellos seguían con vida.
Pero, aun llegando a tierra, la supervivencia no es sencilla. Lo demuestra la odisea del español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, un legendario explorador que, en 1527, sobrevivió junto a trescientos hombres al naufragio de su flota frente a las costas de Florida.
La única posibilidad de salvación para aquellos aventureros era recorrer a pie aquel territorio inexplorado hasta encontrar algún asentamiento español. El problema es que no había ninguno en miles de kilómetros.
El conquistador y sus hombres recorrieron toda la Florida y llegaron hasta Texas. A cada paso, aquel numeroso grupo iba siendo diezmado por las fiebres y las luchas con los indios hostiles, hasta que la tropa quedó reducida a sólo cuatro hombres: el propio Cabeza de Vaca, otros dos españoles, llamados Alonso del Castillo y Andrés Dorantes, y el esclavo negro Estebanico.
Descalzos y casi desnudos, los cuatro fugitivos cruzaron los desiertos del suroeste americano. Se alimentaban de lagartos, que despellejaban con sus manos, y de los gusanos que anidaban en la carne de los animales muertos. El propio Cabeza de Vaca relató su penosa marcha de la siguiente manera: “Por toda aquella tierra anduvimos desnudos, y como no estábamos acostumbrados a ello, a manera de las serpientes mudábamos los cueros dos veces al año. Y nos corría por muchas partes la sangre, de las espinas, piedras y matas con que tropezábamos”.
Un chamán con la piel blanca
La extrema odisea alcanzó su punto culminante cuando el explorador y sus compañeros fueron capturados por los apaches. Y se salvaron de la muerte gracias a que Cabeza de Vaca demostró unas inesperadas cualidades chamánicas. Un joven de la tribu estaba herido por una flecha y el español, sin ningún conocimiento de medicina, se ofreció a curarle. Con un cuchillo le abrió la carne y extrajo la punta del proyectil. Afortunadamente, el paciente sobrevivió a la herida y al inexperto cirujano; los indios, impresionados, llevaron al cautivo a ver a los demás enfermos de la tribu. “Por la noche nos traían a los hombres doloridos”, relató el aventurero, “y nosotros encomendábamos a Dios su curación, de tal fortuna que por la mañana parecían tan recios como si nunca hubieran enfermado”.

Aquellas curaciones supuestamente milagrosas convirtieron al español en un venerado chamán, hasta el punto de que el jefe apache Duljian le ofreció como esposa a su hija Amaria, con la que incluso tuvo dos hijos. Tras reemprender su camino, los españoles cruzaron el territorio protegidos por la aureola de poderoso curandero que rodeaba a su líder. Y así, los cuatro hombres avanzaron por Texas, Arizona y Nuevo México. Su asombrosa aventura finalizó al avistar un poblado español en territorio mexicano. Corría el año 1536; por tanto, Cabeza de Vaca y sus compañeros ha­bían pasado nada menos que nueve años vagando por aquellas desoladas tierras.
Me llamo Crusoe, Robinson Crusoe
Pero, probablemente, el náufrago más célebre de todos los tiempos sea el protagonista de Vida y extraordinarias y portensosas aventuras de Robinson Crusoe de York, navegante, la novela escrita por Daniel Defoe en 1719. Se trata de un héroe de ficción, pero para crearlo, el escritor se inspiró en un personaje real, el corsario escocés Alexander Selkirk, “víctima” de un castigo habitual entre piratas: ser marooned.
¿Y en que consistía? En ser abandonado en un arrecife con una pistola. Casi todos morían ahogados cuando subía la marea, pero muchos de esos desdichados preferían ahorrarse la agonía volándose la cabeza de un tiro. El caso de Selkirk fue diferente. En 1703, cuando formaba parte de la tripulación del buque corsario Cinque Ports, Selkirk, harto de pillajes y saqueos, pidió voluntariamente que le aplicaran dicho castigo. Su deseo le fue concedido, y le desembarcaron en la isla de Juan Fernández, a 600 km de la costa de Chile. Le entregaron dos mosquetes, pólvora, herramientas y cinco gatos, para que le hicieran compañía. Luego, el barco se hizo a la mar y Selkirk se dispuso a esperar la llegada de otra nave que le recogiera. Pero conforme pasaron las semanas, nuestro hombre comprendió que su espera iba a ser mucho más larga de lo que había imaginado.
Selkirk fijó su morada en una cueva, pero allí descubrió que no era el único habitante de la isla… Millares de ratas anidaban en las entrañas de las rocas y salían en plena noche para devorar a los intrusos; de hecho, incluso exterminaron a dos de los felinos.
Superado el pánico de los primeros meses, Selkirk construyó un refugio en otra zona de la isla, y poco a poco se convirtió en un hábil cazador; se alimentaba de la carne de cabras salvajes y de tortugas gigantes. Y cada noche encendía una gran hoguera en la playa, que servía de aviso para cualquier barco que pasara por el horizonte. Pero nadie veía su luz.
Fueron necesarios más de cuatro años para que un buque recalara en Juan Fernández. Cuando encontraron a Selkirk, el náufrago iba vestido con pieles y no hablaba, sino que rugía, a la vez que recelaba de los recién llegados. Parecía trastornado por la soledad, y tardó varios meses en volver a comportarse como un ser sociable.
El hereje del océano
Todas las historias que hemos narrado pertenecen a personas que protagonizaron epopeyas de supervivencia contra su voluntad. Pero, aunque parezca increíble, también han existido náufragos voluntarios. Y el más célebre de todos fue el médico francés Alain Bombard, quien, en 1951, se propuso demostrar que es posible atravesar el océano viviendo sólo de lo que se obtiene del mar.
Para ello, cruzó el Atlántico a bordo de la lancha neumática L’Hérétique. Partió de Las Palmas el 22 de octubre de 1952 y arribó a la costa americana en diciembre del mismo año.
Para calmar su sed llegó a ¡beber agua de mar! Consumir agua marina es muy peligroso, ya que su elevado contenido en sal altera la composición química de la sangre. En un principio, los riñones filtran y eliminan parte de ese exceso de sal, pero poco después, se atrofian por el exceso de actividad y a la persona le sobreviene la muerte por nefritis.
Pero Bombard pensó que si consumía sólo medio litro de agua marina al día, la cantidad de sal sería lo suficientemente pequeña como para que sus riñones la eliminasen sin un riesgo excesivo para su organismo. Gracias a ese ritmo de ingesta, la acumulación salina fue muy lenta y sus células pudieron asimilarla.
Pero tan terrible como la sed fue la soledad. La angustia de estar confinado en el reducido espacio de una lancha, unida al lentísimo discurrir de las horas y los mareos, hicieron que Bombard sufriera lo que los médicos llaman “síndrome del estrés del mar”.
Sus síntomas son náuseas y delirios, que producen visiones y empujan a algunos náufragos a arrojarse al mar para poner fin de una vez a su sufrimiento. Un cuadro aterrador que el aventurero describió después de forma muy expresiva: “Cuando estás a la deriva, la mitad del tiempo la pasas temiendo la muerte, y la otra mitad, deseándola”.
(Revista QUO)
Consigna de escritura:
A partir de la lectura de “La invención de Morel” y los casos aquí mencionados, ¿te animás a imaginar un “relato de un náufrago”? Buscá alguna  isla en el mapamundi, una chiquita y desconocida (o invéntate una) e imaginá cómo será desembarcar allí, qué te llevó hacia allí y cómo sobrevivirías (o no.)

*Más fuentes de inspiración*
Recomiendo leer:
-“Mensaje en una botella”, E. A. Poe
-“A la deriva”    Horacio Quiroga
Recomiendo ver:
-Primeros capítulos de  la serie LOST.
-“Camino hacia el dorado” (Warner)
-“La playa” (Danny Boyle, 2000)

La invención de Morel y el concepto del Doble, un clásico de la Ciencia Ficción

Doppelgänger
Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva. La palabra proviene de doppel, que significa «doble» y gänger: «andante». Su forma más antigua, acuñada por el novelista Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, 'el que camina al lado'.1 El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al «gemelo malvado» o al fenómeno de la bilocación.
Los Doppelgänger aparecen en varias obras literarias de ciencia ficción y literatura fantástica, en las cuales son un tipo de metamorfo que imita a una persona o especie en particular por alguna razón, generalmente impresionante.
En la mitología y el folclore
En las leyendas nórdicas y germánicas, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte. Un Doppelgänger visto por amigos o parientes de una persona puede a veces traer mala suerte, ser un mal augurio o una indicación de una enfermedad o un problema de salud inminentes. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg: «El que ve a su doble es que va a morir».
Para entender, un maestro:
Quizás uno de los mejores para darnos el sabor de lo que estamos hablando sea el escritor Edgar Allan Poe, quien en su cuento “William Wilson” nos ofrece uno de los más claros ejemplos de un doppelgänger, con el protagonista descubriendo, poco a poco, algo raro, empezando por la llegada a su colegio de…

“Las historias de doppelgänger toman muchas formas y ese es uno de sus atractivos, que son elásticas”, señala la autora de novelas de misterio
psicológicas Louise Welsh, y añade: “pero todas contienen a algo o alguien que de alguna manera eres tú”, haciendo énfasis en la última palabra.
Y eso, a menudo, es escalofriante.

Casos
Una de los casos más importantes fue la de una maestra de escuela que vivió durante el 1800. Emilie Sagée era una mujer francesa de 32 años de edad que trabajaba como maestra en lo que hoy en día es Letonia. Era una reconocida profesora en el lugar, pero un rumor empezó a extenderse por el pueblo sobre Emilie. Se comentaba que la Sra. Sagee tenía un doble que se materializaba y se desvanecía a la vista de sus alumnos.
Un día la Sra. Sagee estaba escribiendo en la pizarra, como de costumbre. De pronto, su doble exacto apareció a su lado mientras ella estaba escribiendo y reflejaba cada movimiento.
Un incidente en particular fue presenciado por toda la clase. El doppelganger de la Sra. Sagee apareció en una silla durante una clase, mientras que los estudiantes todavía podían ver a la Sra. Sagee trabajando afuera en el jardín. Unos estudiantes trataron de acercarse justo antes que desapareciera.
Muchos son los casos reportados sobre que nos indican que podría tratarse de un “Yo” del futuro.

Consigna de escritura:
A partir de la lectura de “Horacio Kalibang” y la información sobre “los dobles” pensá cómo sería la vida si encontraras al/ a la tuy@. ¿En qué situación se cruzarían? ¿Saldrías en su búsqueda o aparecería de pronto? ¿Sería un/a doble de carne y hueso o fantasmal? ¿Cuál sería tu reacción? ¿y la de ella/él?
*Más fuentes de inspiración*
Recomiendo leer:
-“William Wilson”, E. A. Poe
-“El otro” J.L. Borges
Recomiendo ver:
-“La doble vida de Verónica” Krzysztof Kieślowski. (Está en youtube)


Y arrancamos a leer con una grande argentino: BIOY CASARES.


Las mujeres también escribimos Ciencia Ficción, ¡y de la buena!

De Leia a Imperator Furiosa, las heroínas se hacen feministas

Las mujeres rompen moldes en la ciencia ficción

Tanto en la literatura como en el cine, el feminismo ha encontrado en la ciencia ficción un espacio perfecto donde superar los roles clásicos y crear personajes femeninos complejos: mujeres activas y conscientes, heroínas que cambian el mundo y son imperfectas. El subgénero se ha enriquecido desde que ellas también son sus creadoras, consumidoras y protagonistas.
Beatriz de Vera |  | 11 febrero 2017 08:00<p>Los clásicos personajes femeninos solían acompañar a un hombre en sus aventuras. Hoy la ciencia ficción dibuja nuevos personajes con identidades cada vez más independientes, como la princesa Leia e Imperator Furiosa. Ilustración: Cinta Arribas.</p>
Los clásicos personajes femeninos solían acompañar a un hombre en sus aventuras. Hoy la ciencia ficción dibuja nuevos personajes con identidades cada vez más independientes, como la princesa Leia e Imperator Furiosa. Ilustración: Cinta Arribas.
En la barra de un bar del oeste americano, un feligrés ebrio recita mecánicamente “una rosa es una rosa es una rosa...”. Los espectadores de la serie de HBO Westworld saben que es un robot. Al otro lado de la barra, el camarero, creador de este androide hiperrealista, explica que no ha podido resistirse a añadir a su código de identidad el gusto por los versos de Gertrude Stein, pese a que esta activista y poeta feminista no había nacido en la época que recrean sus ropas.
La ciencia ficción permite imaginar a la mujer fuera de una cultura patriarcal y cuestionar sus bases
El robot forma parte de una suerte de parque de atracciones cuyos visitantes dan rienda suelta a sus instintos más violentos: vestidos de época, pagan por pelearse, matar o violar a máquinas con apariencia humana y cada vez más conscientes de sí mismas.
Los versos de Stein destacan en una ficción cuya protagonista es una mujer y que pone en evidencia cómo la opresión acaba recayendo principalmente sobre el género femenino. Esta denuncia es uno de los pilares de la ciencia ficción feminista.
“El elemento común de este tipo de literatura es la intención de subvertir los estereotipos”, cuenta a Sinc Lola Robles, filóloga y escritora del libro En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso.
El feminismo ha encontrado en este subgénero un espacio perfecto para desarrollarse: “La ciencia ficción constituye el ámbito ideal para verter las visiones especulativas del futuro, así como para explorar toda una serie de posibilidades políticas y personales; proporciona la oportunidad de imaginar a la mujer fuera de una cultura patriarcal, lo que permite cuestionar sus componentes”, explican en su ensayo Desde las fronteras de la mente femenina la escritora Jen Green y la profesora de Literatura inglesa de la Universidad de Bristol (Reino Unido) Sarah Lefanu.

Poder, sexo y desastres ambientales

Sus temas centrales son las identidades de género, las relaciones de poder y los lazos humanos, especialmente la sexualidad. “En muchas de estas obras, la violencia y la esclavitud sexual dominan las relaciones. Hay cientos de ejemplos en la ciencia ficción feminista. Uno reciente es el libro Por último, el corazón, de Margaret Atwood, que cuenta la historia de una pareja que, para sobrevivir, acepta formar parte de un proyecto en el que deben vivir interrumpidamente en prisión fabricando muñecas sexuales que cuesta distinguir de un ser humano real”, afirma Alba Varela Las Heras, del colectivo Librería de Mujeres (Madrid).
Precisamente de Atwood es uno de los libros más conocidos con esta temática, El cuento de la criada (1985), que pese a su importancia “está descatalogado, como muchos otros clásicos de este género, por intereses editoriales. Incluso algunos libros de ciencia ficción de Doris Lessing, premio Nobel, son imposibles de encontrar en cualquier librería”, se lamenta Varela.
película el cuento de la doncella
Fotograma de la película ‘El cuento de la doncella’ (1990) de Volker Schlöndorff, basada en el libro de Margaret Atwood, una de las obras de ciencia ficción feminista más influyentes. La novela está descatalogada en español.
El relato de Atwood es una distopía en el que los desastres medioambientales han dejado infértiles a las mujeres burguesas, por lo que las criadas, una categoría inferior en la jerarquía social, son esclavas sexuales y reproductivas, cuya única función es concebir. La protagonista, Offred (cuyo nombre significa en inglés “que pertenece a Fred”), narra cómo las mujeres tienen prohibido hablar, leer o realizar cualquier otra actividad que las humanice. 
En ‘El cuento de la criada’ de Atwood las burguesas son infértiles y las criadas, esclavas reproductivas
La relación con el hábitat desempeña un papel importante en esta y otras obras de ciencia ficción feminista. “No tiene que ver con ningún vínculo especial entre la mujer y la naturaleza, pero una literatura que se preocupe de mirar alrededor y ver cuáles son los problemas de la sociedad no ignorará la opresión de la mujer ni el daño al medioambiente”, dice Robles.
“Que la ciencia ficción sea o no sea feminista no depende del género del autor, sino de lo que cuenta y del contexto en el que está escrito”, diceLaura Wieve, especialista en estudios culturales e ingleses de la Universidad de McCaster (Reino Unido).
Sin embargo, la filóloga Lola Robles cree que la presencia de autoras femeninas ha sido determinante para que una mirada feminista se cuele en un género cuyo consumo y producción durante la primera mitad del siglo XX fueron eminentemente masculinos y que reflejaba, sin denunciarlas, la desigualdad y el abuso sufridos por las mujeres.

Mujeres que ponen el mundo al revés

“No se puede decir que toda la literatura de ciencia ficción fuera machista intencionadamente, pero sí es cierto que seguía una inercia que recreaba sociedades estereotipadas, personajes femeninos ornamentales y planos e identidades rígidas”, opina Robles.
El auge de las escritoras de ciencia ficción tuvo lugar durante la segunda ola del feminismo, en los 60 y los 70, con una literatura que amplió su vocación puramente tecnológica para ocuparse de asuntos sociales y especulaciones sobre el futuro. En esta época se rescataron obras escritas a principios del siglo XX que son precursoras de este subgénero.
Uno de estos libros es Dellas, un mundo femenino, escrito por Charlotte Perkins Gilman en 1915, que cuenta la historia de un país donde no hay hombres, la sexualidad se ha abolido y las mujeres tienen hijos por partogénesis, una forma de reproducción en la que la segmentación del óvulo no precisa de fecundación. A este país llega una expedición de tres hombres que se enfrentan a una sociedad incomprensible a sus ojos.
metropolis
En ‘Metrópolis’ (1927), la película de Fritz Lang escrita por Thea Von Harbou, el frío robot del científico Rotwang suplanta la identidad de la bondadosa María para promover los disturbios y el descontento social. Imagen: UFA
Casi un siglo antes del libro de Perkins, en 1818, nacía la que muchos consideran la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein o el moderno Prometeo. Aunque no pretende ser ninguna crítica a los roles de género, está escrita por una mujer, Mary Shelley.
También en el cine una mujer fue pionera: el guion de Metropolis  (1927), la película muda dirigida por Fritz Lang, lo escribió su mujer, Thea Von Harbou. En este caso, la dicotomía del estereotipo femenino es evidente: por un lado, María la virgen, la muchacha dulce que predica los buenos sentimientos y el amor; y, por el otro, el robot, su doble y su antítesis: una prostituta fría, destructora, despiadada.
El auge de las autoras de ciencia ficción tuvo lugar en los 60 y 70, con una literatura que empezó a especular con fantasías sociales
Ya en la década de los 70, una de las autoras que más destacó fue Ursula K. Le Guin, una de las dos únicas mujeres, junto a Andre Norton, galardonadas del título de Gran Maestro de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de EE UU desde el año 1974.
Wieve señala como su obra más importante La mano izquierda de la oscuridad . La autora inventa una sociedad en la que la que el sexo de sus integrantes no determina su identidad. Son hermafroditas la mayoría del tiempo hasta el momento del celo en el que, para concebir, se vuelven indistintamente hombres o mujeres. Ante la mirada perpleja de un visitante masculino, como pasaba en Dellas, se muestra una sociedad que no responde al estándar y en la que se pueden escuchar frases como su famoso “El rey estaba embarazado”.
Hay más escritoras, recuerda Laura Wieve: Joanna Russ, con su novela sobre los roles de género El hombre hembra; Marge Piercy, autora de Él, Ella y Eso; y Nalo Hopkinson con Ladrón de Medianoche. En el panorama español, Robles destaca la novela Consecuencias naturales de Elia Barceló, una de las cinco únicas mujeres que han ganado el Premio Ignotus de relato fantástico de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción desde 1991; así como Planeta hembra, de Gabriela Bustelo.

Protagonistas y premiadas

Para la experta, las nuevas autoras como María Angulo, Sofía Rhei o Susana Vallejo, que aparecen en las antologías de 2014 y 2016 Alucinadas, ya tienen interiorizado el feminismo. “No solo por lo que escriben, sino por lo que muestran de sí mismas en las redes sociales. Ahora mismo, es imposible disociar a una autora de su perfil en internet”.
Hoy las mujeres se reivindican como autoras y cobran visibilidad. En 2016, en la 74ª edición de los Premios Hugo –los decanos de la ciencia ficción en EE UU–, las más premiadas resultaron ellas; la novela ganadora fue La quinta estación, de N.K. Jemisin. Pero la falta de reconocimiento ha sido tradición en el pasado. No solo han estado infrarrepresentadas en los premios y certámenes, sino que muchas de ellas no han podido firmar con su nombre. Conocido es el caso de James Tiptree, que en realidad se llamaba Alice Sheldon, cuya obra es de las más galardonadas de la ciencia ficción.
Los nuevos personajes son mujeres fuertes, activas y conscientes, que sirven de motor de cambio de la sociedad por sí solas
Los personajes femeninos clásicos de ficción acompañan al protagonista. Representan la pureza, la ingenuidad y la generosidad. O bien, tras permitirse algún arranque de rebeldía, vuelven a su rol, normalmente de esposa y madre. “Lo más importante de los personajes de la ciencia ficción feminista es que las mujeres son fuertes, activas, conscientes y sirven de motor de cambio de la sociedad por sí solas. Son heroínas, pero no son perfectas. No son personajes idealizados, sino complejos”, cuenta Lola Robles.
En los últimos tiempos, sobre todo en el cine, se han perfilado nuevos referentes. Uno de las últimas obras de ciencia ficción protagonizada por una mujer ha sido La llegada (2016), una película que cuenta sin mucho espectáculo visual una visita de alienígenas a la Tierra. La misión de una de las mejores lingüistas del mundo es averiguar si vienen o no en son de paz. El personaje, fuerte y complejo, tiene en su mano el poder de cambiar la situación.
Con una apariencia más combativa y luchadora destacan Imperator Furiosa, la imponente heroína de las nuevas películas de la saga apocalíptica Mad Max (2015), y Rey, la protagonista de la nueva entrega de La guerra de las galaxias: el despertar de la fuerza.
Rey
Rey, la heroína de ‘El despertar de la fuerza’ interpretada por Daisy Ridley, no depende de ningún hombre para definirse. Es autosuficiente. Imagen: ©Disney / Lucasfilm
En contraposición a la princesa Leia de las sagas anteriores, esta joven es autosuficiente y no se define por ningún personaje masculino. “Rey es intransigente y sin compromisos. Representa la fuerza y el poder sin limitaciones ni arrepentimientos”, opina Laure Penny, activista y periodista británica en un artículo de The Guardian.
Las nuevas heroínas responden al rol que reivindicaba Russ en El hombre hembra: “Luchamos por abrirnos paso a través de un entorno masculino constantemente refractario; nos arrancan el alma con tal fuerza que ni siquiera sangramos. Recuerda: no quería y no quiero ser una versión femenina, ni una versión diluida, ni una versión especial, ni una versión secundaria, ni una versión auxiliar, ni una versión adaptada de los héroes a quienes admiro. Quiero ser el propio héroe”.

Siguiente paso: la apuesta editorial

“Es verdad que este tipo de literatura es más demandada por mujeres, pero no es el objetivo. Puede ser que sea por identificación, o porque los hombres que consumen ciencia ficción tienen un sesgo que les impide darse cuenta de que discriminan por género”, cuenta Lola Robles. Según la experta, una mirada feminista no tiene que ser necesariamente femenina.
“No creo que exista específicamente una ciencia ficción feminista creada por hombres, pero algunos autores comoJohn Varley, Samuel Delany o China Mieville hacen un tipo de literatura cercana muy interesante. Son autores comprometidos que muestran sociedades y personajes complejos, nada idealizados”, reflexiona.
Cada vez hay más editoras, críticas literarias y directoras de revistas
Para Robles, la misma inercia que lleva a reproducir estereotipos o a pensar que somos neutrales a la hora de elegir qué leemos llevaba a que muchos editores no apostaran por la literatura escrita por mujeres. Su entrada en el mundo editorial es muy difícil, en especial si escriben sobre géneros no realistas. “Pero esto está cambiando. Y si lo hace es, en gran medida, porque cada vez hay más editoras, críticas literarias y directoras de revistas”, asegura Robles.
En una época en la que aún hay que recordar que el feminismo es un movimiento que lucha por la igualdad y que el hombre sigue disfrutando de más privilegios que la mujer, Varela concluye: “La ciencia ficción feminista no muestra el escenario que podríamos conseguir gracias a políticas de igualdad, sino que dibuja, a modo de advertencia, el mundo que nos tocará vivir si ignoramos el feminismo”.
Zona geográfica: España


Fuente: SINC

¿Ficción o realidad? Disparadores de lecturas

05/03/2017 - 21:56
Libros que se adelantaron a debates de hoy
El futuro literario que imaginó temores actuales
Desde la manipulación del lenguaje para ganar poder hasta la creación de robots humanizados.    
El futuro literario que imaginó temores actuales
Posverdad. La discusión sobre los dichos no siempre demostrables de Trump y sus voceros volvió a alimentar el interés por la novela 1984. (AP Photo/Jae C. Hong)
En 1984 George Orwell imaginó una sociedad en la que el gobierno, bajo la figura del Gran Hermano, vigila todo. Winston Smith, el protagonista, trabaja en el Ministerio de la Verdad, un organismo que adultera la historia según la conveniencia del partido único. Cuando asumió Donald Trump se desató la primera disputa entre su gestión y los medios de comunicación. La "neolengua", en la novela, es una forma de simplificar el idioma para hacer inviable cualquier tipo de pensamiento contrario al poder.
La polémica en Estados Unidos comenzó por la cantidad de gente en la ceremonia de asunción, que fue mínima en comparación con la que fue a la de Barack Obama. Hay imágenes. Se compara a simple vista. Sean Spicer, secretario de Prensa de la Casa Blanca, dijo que en realidad habían ido “unas 720 mil personas”. Al día siguiente, 22 de enero de 2017, surgió el término que convirtió en realidad lo que el autor británico imaginó en 1949: los “hechos alternativos”. Así defendió la declaración falsa Kellyanne Conway, asesora del presidente. La distopía se volvió una premonición y 1984 llegó al primer lugar de ventas en Amazon casi 70 años después de su publicación original.
Dos millonarios aventureros van a ser turistas espaciales. El último día de febrero la empresa comercial privada de transporte aeroespacial SpaceX anunció que durante 2018 va a salir la primera excursión a la Luna. Una misión recreativa de una semana alrededor del satélite, sin pisarlo, pero con vista privilegiada desde la ventana. La humanidad viaja encerrada en una nave que perdió el rumbo. La civilización involuciona y unos hombres primitivos viven en las junglas de los tanques hidropónicos. Cuál es la noticia y qué es la ficción. La primera salió en los diarios y la segunda es la contraportada de La nave estelar, la novela con la que Brian Aldiss desembarcó como representante de la nueva ola británica del género en 1958.
Hace tiempo que Japón es tierra de androides. El director de robótica de la Universidad de Osaka, Hiroshi Ishiguro, está armando un ejército artístico de inteligencias artificiales. Geminoid F es un organismo sintético que protagoniza la película Sayonara, que se estrenó en 2015 en el Festival de Stiges. Ese mismo año se presentó en sociedad a Érica, que en breve va a conducir un programa de televisión. La diva antropomorfa, extremadamente realista, parece salida de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de Philip K. Dick publicada en 1968 y adaptada por Ridley Scott en la película Blade Runner, de 1982. Ahí, Rachel no sabe que ella, tan exacta como réplica, no es humana, y un grupo de androides se resiste a Rick Deckard, el hombre que tiene que eliminarlos. Roy Batty, Pris y Zhora quieren seguir viviendo porque tienen más alma que quién los creó.
El futuro literario que imaginó temores actuales
Ishiguro. El científico de la Universidad de Osaka, con un androide a su imagen y semejanza; la ficción ya se había referido a robots humanizados. Foto: ANSA.
¿Es posible una rebelión de las máquinas, como en la saga de Terminator? 1) Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª ley. Esas son las tres leyes de la robótica que inventó Isaac Asimov en 1942 y no solo rigen los mundos que creó a lo largo de sus cuentos y novelas, sino que fueron y son usadas por muchos otros en diversas obras de ficción. Ahora, además, se colaron en la realidad.
A principio de este año el Parlamento Europeo dispuso que las máquinas autónomas tengan un botón de la muerte, o sea un mecanismo que permita desconectarlas si su uso amenaza la vida de un ser humano. En la normativa aprobada, además, se sugiere tener en cuenta, para el futuro, las relaciones entre androides y humanos. De eso se trata El hombre Bicentenario, el relato de 1976 de Asimov que en 1999 fue llevado al cine con Robin Williams como protagonista. El robot doméstico Andrew tiene una falla de fabricación por la que puede identificar emociones. Evoluciona en sentimientos, se enamora y finalmente lucha para que la Justicia lo reconozca como hombre.
Desde 2008 existe una Bóveda del Fin del Mundo bajo la tundra congelada de la isla noruega de Svalbard, en el Círculo Polar Ártico, donde se recolectan semillas para replantar el planeta cuando haga falta. Hay almacenadas cientos de miles. Recientemente se agregaron 50 mil más porque, anunciaron los científicos que llevan adelante este proyecto universal, “todo está horrible”. Esto podría ser un inicio opcional de la trilogía de catástrofes ecológicas que escribió J. G. Ballard en El mundo sumergido (1962), La sequía (1964) y El mundo de cristal (1966), en donde el abuso tecnológico y la ignorancia ambiental terminan aniquilando el agua, la vegetación, los animales, el oxígeno.
La utopía de escapar de la Tierra de pronto es tangible. Hace diez días un grupo de astrónomos anunció que descubrieron, alrededor de la estrella enana Trappist-1, a 39 años luz, un sistema solar con siete exoplanetas de los cuales al menos tres podrían ser considerados habitables. Ahora, la humanidad fantasea en conjunto con una mudanza a la constelación vecina de Acuario, como si la vida real fuera un cuento de Theodore Sturgeon. Tal vez alguno de esos planetas se enamore de un visitante y le ofrende paisajes seductores, igual que en El soñador, su relato de 1974.
La paulatina colonización humana que podría darse en el mediano plazo bien podría ser acompañada por las Crónicas Marcianas que Ray Bradbury publicó en 1950. Eso, aunque suena hermoso, hay que tomarlo como una advertencia. Aunque en un principio los habitantes morenos de ojos amarillos de Marte fueron afables, finalmente se dieron cuenta de que los terrícolas son plaga, y que su impulso autodestructivo iba a arrasar con el planeta rojo. Y lucharon. Y hubo una guerra. Y perdieron todos. De eso se trata Los largos años, un relato en donde hay robots que reemplazan a los familiares muertos y seres humanos solos, aislados, enloquecidos. Según el autor, pasaría en abril de 2026. No falta tanto.



¿Y en Argentina?

¿Existe la ciencia ficción argentina?

Cómo es la actualidad del genéro Ciencia ficción en Argentina.
Por Daniela Pasik 

Angélica Gorodischer es la gran figura del género en Argentina
Angélica Gorodischer es la gran figura del género en Argentina
Hay un mito que reza que la producción literaria argentina nunca se centró en la ciencia ficción. Esa máxima sería aplicable, tal vez, si se entiende al género como cuentos y/o novelas sobre planetas extraños, viajes interestelares y no mucho más que ese cliché (hermoso, de todas formas). Hace rato que esa discusión quedó saldada y el mundo sabe que la ciencia ficción va más allá, y explora muchos otros escenarios además de los espaciales.
"La ciencia ficción argentina no existe". La declaración, algo imprudente o tal vez provocadora, pertenece a Elvio Gandolfo. La escribió en el prólogo de una antología del género en 1978, y todavía no se desdijo. Cualquier intento de ensayo sobre el género en el país incluye, en algún momento, esa cita y, más amable o enojadamente, la discute o avala.
Angélica Gorodischer es la reina actual local del género hace ya un par de décadas, con Marcelo Cohen como representante de la generación posterior, mientras que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares fueron los primeros clásicos. Sin embargo hay una suerte de prurito en encasillarlos ahí porque tienen prestigio y la ciencia ficción, de algún modo (absurdo), no. Fantástico, dicen muchos, para algo que no es más que parte de nuestra tradición local en un género que en el mundo representaron y casi inventaron Isaac Asimov (científico y preciso, Sci Fi dura) y Ray Bradbury (poético y fantaseoso, Sci Fi blanda).
En la Argentina, Carlos Gardini es un escritor que ocupa lo más pancho el casillero a fuerza de potencia de trabajo desde los 80. Además, muchos autores reconocidos incursionan esporádicamente en un estilo que, en resumen, es ciencia ficción: varias obras de Ana María Shua y otras tantas de Alberto Laiseca concretan con el género. A Julio Cortázar no se lo termina de asociar con la ciencia ficción, aunque tiene una gran cantidad de producción que podría leerse dese ahí.  El fondo del cielo (2009), de Rodrigo Fresán; El oficinista (2010), de Guillermo Saccomanno y El año del desierto (2005), de Pedro Mairal son algunos ejemplos concretos y bastante recientes.
Tampoco hay que sacar de contexto a Gandolfo para ganar la contienda. Que no hay un conjunto de "autores buenos, malos y mediocres que conformen un género con características propias", dijo. Eso es un poco más certero que la primera frase suelta, aunque discutible (eso sucederá en el siguiente párrafo, calma). Que no hay una tradición, explicó. Y ahí, con todo el respeto del mundo, ya es más complicado encontrar punto de acuerdo.
El cómic local (que además tiene influencia mundial) con Alberto Breccia, Horacio Altuna y Héctor Oesterheld a la cabeza (sólo por hacer un resumen de los cientos de genios del género), desde la antigua Caras y Caretas hasta la Fierro, pasando por una larga gesta de fándom, todo eso alcanza y sobra para refutar al escritor, ensayista  y crítico literario. Además, hay mucho en el pasado que se fue perdiendo, y olvidando. Lo que faltó acá, tal vez, fue un buen compilador. Pero dentro de la batería de clásicos del inicio, es obligación incluir a Eduardo Holmberg, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Macedonio Fernández, por ejemplo.
“El Eternauta” de Oesterheld sigue generando influencias a nivel mundial.
“El Eternauta” de Oesterheld sigue generando influencias a nivel mundial.
Lejos del costumbrismo espacial y con bases en las raíces del género, cada tanto una novela argentina planta bandera en la ciencia ficción con una idea contundente, sólida, rotunda. De un tiempo a esta parte hay una producción novedosa que, tímidamente, podría ser la prueba tangible de que sí, existe un grupo de  "autores buenos, malos y mediocres" que conforman "un género con características propias". De a poco, lentamente, pero sucede. El estilo se emparenta más con el Sci Fi británico (el de Brian Aldiss, el de Ballard). La característica local es la distopía con cierta subtrama apocalíptica y/o tecnológica en escenarios reconocibles reconvertidos, resignificados con realismo fantástico.
Juan Diego Incardona y su saga de cuentos y novelas matanceros es un ejemplo que ya lleva varios años, con el reciente Las estrellas Federalescomo cereza del postre. Otros dos ejemplos rotundos para probar la hipótesis (uno por muy actual y otro por muy genial): Un futuro radiante(2016), de Pablo Plotkin, que imagina un futuro cercano en dónde la Agronomía es el centro de una nueva fundación de Buenos Aires, y Los cuerpos del verano (2012), de Martín Felipe Castagnet, que propone un mundo en el que los muertos tienen la opción de que su alma quede viviendo en internet para luego ser "quemados", o no, en otro cuerpo. El cuarto argumento es Las constelaciones oscuras (2015), de Pola Oloixarac, con antiguos exploradores decimonónicos y nerds devenidos hackers.

Y hasta acá ya podría un juez golpear el martillo y gritarle "ha lugar" a la objeción al postulado de Elvio Gandolfo. Así que podemos decir, entonces y con el juicio cerrado como conclusión para un jurado lector, que la ciencia ficción argentina sí existe. Y está viva.

2017, ODISEA A LA CIENCIA FICCIÓN

Este año venimos trabajando el género de Ciencia Ficción pero...¿De qué se trata este género?
La ciencia ficción es un género cuyos contenidos se encuentran basados en supuestos logros científicos o técnicos que podrían lograrse en el futuro. Este sustento científico hace que la ciencia ficción se diferencie del género fantástico, donde las situaciones y los personajes son fruto de la imaginación.

El género de la ciencia ficción también ha sido conocido como literatura de anticipación, dadas las características mencionadas. De hecho, muchos autores de ciencia ficción han logrado anticipar el surgimiento de distintos inventos, como Julio Vernecon los submarinos o las naves espaciales.
La ciencia ficción nació como un subgénero literario en la década de1920. Con el tiempo, se fue expandiendo a distintos formatos. La ciencia ficción cinematográfica ha sido una de las adaptaciones más exitosas, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX.
En concreto en el siglo XX es interesante resaltar la aparición de una serie de movimientos o tendencias dentro del género de la ciencia ficción que se han convertido en auténticos referentes. Así, en primer lugar, nos encontramos con el cyberpunk que fue el movimiento que surgió en la década de los años 80 y que se produjo como consecuencia del desarrollo y expansión de los ordenadores lo que trajo consigo que los autores de ciencia ficción explotaran esa posibilidad de que las computadoras dominaran a los humanos.
Entre las películas más significativas que se convirtieron en perfectos ejemplos del citado cyberpunk se encuentra el film titulado “Blade Runner”, que estrenó en 1982 el director Ridley Scott y que está basado en una novela de 1968 llamada “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y escrita por Philip K. Dick. Un auténtico clásico del género de la ciencia ficción es esta producción norteamericana al igual que lo es otra también incluida dentro del mencionado movimiento. En concreto nos estamos refiriendo a “Terminator” (1984) que está dirigida por James Cameron, protagonizada por Arnold Schwarzenegger y que contó con tres episodios más.
Mientras el cyberpunk establecía una visión negativa y apocalíptica de la presencia de los ordenadores en nuestra sociedad, el postcyberpunk, que apareció en la década de los años 90, era mucho más optimista en este sentido. De ahí que se tome como protagonistas en las historias de este movimiento a científicos e investigadores fundamentalmente que quieren hacer uso de la tecnología en pro de la sociedad. Un perfecto ejemplo de esta clase de ciencia ficción es la serie “Otherland” realizada por Tad Williams.
Hay quienes distinguen entre la ciencia ficción dura y la ciencia ficción blanda, de acuerdo al rigor con el que son tratados los datos científicos. La ciencia ficción dura sería “la más científica”, sin demasiado espacio para la imaginación. En cambio, la ciencia ficción blanda incluye algunas suposiciones sin base científica o real.

Entre los autores más famosos de la ciencia ficción, puede nombrarse a Isaac Asimov (19201992, autor de “Yo robot”), Ray Bradbury (1920,“Crónicas marcianas”“Fahrenheit 451”), Arthur C. Clarke(19172008“Odisea espacial”), Aldous Huxley (18941963“Un mundo feliz”), Ursula K. Le Guin (1929“Los desposeídos”) y el ya mencionado Julio Verne (18281905“Viaje al centro de la Tierra”,“Veinte mil leguas de viaje submarino”).